Joaquín, de 6 años, sale de su habitación junto con Pelusa, su oso de peluche, recién levantados de una siesta. Van hacia el comedor de su casa, Pelusa queda apoyado en la mesa, y Joaquín sigue de largo hasta la cocina. Hace puntitas de pie y agarra el Nesquik de la mesada, abre la heladera en medias, una a punto de salirse, y saca la leche. Se sienta en la mesa del comedor, se prepara su leche tirando la mitad del chocolate afuera de la taza, toma un par de sorbos y deja la taza al lado de Pelusa. Agarra la cartuchera de su mochila, y una hoja de su cuaderno de dibujos que tiene bastantes hojas salidas y sueltas. Agarra un lápiz y empieza a dibujar. Está muy concentrado, observa lo que dibuja, lo mira fijamente, pero nunca suelta el lápiz, nunca deja de dibujar, nunca se lo ve tan tranquilo a Joaquín como cuando dibuja. De repente suelta el lápiz, agarra su cartuchera, la revuelve, la sigue revolviendo, y la termina dando vuelta. Los lápices se desparraman por toda la mesa, pero Joaquín encuentra el color que quería, el celeste. Lo agarra y empieza a pintar enérgicamente. Lo deja, agarra un par de colores más que va cambiando y usando. Levanta su hoja con el dibujo, lo mira y contento con lo que hizo, se levanta de la mesa. Camina, todavía con sus medias a medio salir, pega el dibujo en la puerta de la heladera, agarra a Pelusa y se va caminando para la pieza con una sonrisa.
Relato de una observación 3
10:30 |
Etiquetas:
Observaciones.
Berterreche, Melina
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)






1 comentarios:
Está muy bien Melina. Seguí observando a Joaquín a ver que mas hace, sobre todo con Pelusa. Me parece que está buena esa relación entre ambos y seguro hay alguna actividad que hacen en conjunto y que se repite cada día.
Saludos,
Laura
Publicar un comentario